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El pulso del petróleo: cuando la geopolítica desborda la estrategia de la OPEP+

Por PhD Mario Fernando Zamora

La reciente decisión del núcleo duro de la OPEP+ de congelar por tercer mes consecutivo sus niveles de producción hasta diciembre no es un simple ajuste táctico de volumen. Representa una radiografía perfecta de las profundas tensiones que sacuden al mercado petrolero mundial.

Con el barril de crudo Brent escalando por encima de los 117 dólares y acumulando una revalorización cercana al 60 por ciento desde principios de año, la brecha entre la política teórica del cartel y la realidad física del suministro nunca había sido tan evidente.

El plan trazado en 2023 por estos siete países clave buscaba devolver estabilidad al mercado mediante un recorte gradual de 3,85 millones de barriles diarios. Aunque sobre el papel dicha conclusión llegó en septiembre, la práctica demuestra que recuperar el bombeo no es tan sencillo.

La alianza se encuentra atrapada entre la incapacidad operativa de varios de sus miembros y una presión inflacionaria global que amenaza el consumo. La distancia entre las cuotas teóricas asignadas y el suministro real disponible en el mercado se ha vuelto insalvable.

El alza del petróleo no responde hoy a un desequilibrio convencional de oferta y demanda impulsado por el crecimiento económico, sino a un deterioro estructural de la logística global y la infraestructura estratégica.

Los conflictos armados en Oriente Medio han convertido pasos marítimos neurálgicos como el estrecho de Ormuz y el de Bab el Mandeb en zonas de altísimo riesgo. La alteración de estas rutas encarece los seguros y desbarata las cadenas de suministro internacional.

A esto se suma el impacto directo de los ataques contra la infraestructura energética rusa. La pérdida de capacidad exportadora priva al mercado de volumen físico y erosiona la cohesión interna de la propia alianza.

La reunión plenaria del 29 de noviembre será decisiva para definir las cuotas a partir del 1 de enero de 2027 y revisar el recorte base de 2 millones de barriles diarios vigente desde 2022.

Asignar metas a países que no pueden alcanzarlas resta credibilidad al grupo. Al mismo tiempo, mantener precios sosteniéndose por encima de los 110 dólares acelera la búsqueda de alternativas energéticas por parte de las economías consumidoras.

Si el cartel opta por sincerar sus cifras a la baja, enviará una señal de escasez prolongada al mercado. Si fuerza incrementos de cuotas inaccesibles para sus miembros, arriesga romper la disciplina interna mantenida desde 2016.

Desde su fundación en Bagdad en 1960 y la consolidación de la OPEP+ en 2016, el grupo ha demostrado gran capacidad de adaptación, pero el escenario actual difiere de las crisis petroleras del pasado.

Mantener la oferta congelada hasta diciembre ofrece un margen de maniobra temporal. No obstante, la cita de finales de mes obligará al bloque a asumir que la política tradicional de cuotas ya no basta para contener las turbulencias de un orden geopolítico profundamente fragmentado.

 

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Publicado por Massimo Di Santi

Massimo Di Santi. Periodista, Comunicador Social y Presentador de diferentes medios internacionales. Ganador de múltiples premios, ha cubierto importantes eventos a nivel mundial y es un destacado periodista de guerra. Creación IA

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