El "salvavidas petrolero" y sus sombras: los riesgos de la enfermedad holandesa y el capitalismo político en Colombia
Ya han transcurrido 7 meses desde que los Estados Unidos e Israel iniciaron el conflicto bélico con la República Islámica de Irán.
Aunque las operaciones conjuntas de los bombardeos sorpresa “Furia épica” de EE.UU. y “Rugido del león” de Israel forman parte de las acciones para promover el cambio de régimen en la nación persa, los acontecimientos no marcharon como se esperaba. La respuesta defensiva de Irán fue proporcional, ordenada y eficaz. El resultado más importante fue el escalamiento de la guerra y el aumento de las tensiones en los mercados internacionales del petróleo.
El precio del crudo superó muy rápidamente la barrera de los 100 dólares el barril. Fue solo a raíz de los acuerdos de paz y del memorando de 14 puntos firmado el pasado 17 de junio, que los precios del oro negro registraron caídas importantes, volviendo a niveles similares a los de antes de la guerra (73 dólares). Sin embargo, la paz de los mercados duró muy poco: desde mediados de julio los precios comenzaron a incrementarse nuevamente de manera rápida. La situación se exacerbó con los discursos pronunciados por los presidentes de Estados Unidos e Irán el 22 y 23 de septiembre en el seno de las Naciones Unidas, llevando la cotización del petróleo Brent a los 105 dólares el barril el lunes 28 de septiembre.
Las altas cotizaciones del crudo se pueden mantener hasta finales de este año. Aunque los resultados de las elecciones de noviembre en Estados Unidos pueden inclinar un poco la balanza hacia una negociación más abierta, también pueden terminar por reforzar la estrategia del juego del ultimátum del gobierno de los Estados Unidos.
La propuesta del presidente Donald Trump fue: “Los llevo al infierno, sin posibilidad de supervivencia, sin esperanza de futuro durante varias generaciones. O haremos un trato justo después de las elecciones, porque no tiene sentido que no lo hagan”.
Por su parte, Irán recibe la oferta y tiene dos opciones: aceptarla o rechazarla. Si la acepta, se quedan con el trato que se haga; si la rechaza, continúa la guerra y su escalamiento.
El trato “justo” del que habla el presidente de los Estados Unidos es evidentemente el cambio de régimen en Irán, alternativa que será rechazada sin consideración alguna, como lo dejó claro el presidente de Irán, Masud Pezeshkián, en su discurso ante Naciones Unidas, un día después del discurso del presidente Trump:
"[...] al retomar las palabras pronunciadas ayer por el presidente de los Estados Unidos, resulta evidente para los expertos en derecho internacional, diálogo, diplomacia y normas humanas fundamentales que cualquier otra postura respecto a nuestro país contraviene la esencia misma, la Carta y el espíritu de la Naciones Unidas. Él debe saber que la resistencia del pueblo iraní no hará sino aumentar ante las sanciones, la mayor presión y la intimidación creciente. Jamás bajaremos la cabeza ni nos arrodillaremos. El señor Trump y quienes pretenden intimidarnos deben comprender que Irán está dispuesto al diálogo, a la diplomacia y a la negociación, pero sin aceptar el lenguaje de lafuerza."
La guerra continuará y los precios del barril del petróleo superarán la barrera de cristal de los 100 dólares.
Colombia
Colombia es un país tomador de precios en los mercados internacionales y un oferente marginal en el mercado del petróleo. Sus decisiones en términos de la geopolítica resultan irrelevantes y dejan invariante el escenario en disputa.
Sin embargo, los grandes choques externos y los desequilibrios globales inciden directamente en la dinámica interna de los mercados y en los conflictos distributivos por las “rentas fáciles” derivadas de las altas cotizaciones de su principal producto de exportación: el petróleo.
Los economistas —quienes gustan de los pensamientos lúgubres— han estudiado desde hace muchos años los efectos de este tipo de fenómenos sobre economías pequeñas y abiertas como la colombiana.
Los altos precios del petróleo aumentarán los ingresos del Gobierno nacional. Foto: Juan Barreto/AFP.A la manera de un Mefistófeles contemporáneo, las ecuaciones del economista muestran con rigor formal que los milagros pueden terminar en la maldición de los recursos naturales, paradoja en la cual algunos países ricos en recursos naturales como el petróleo pueden crecer menos y sufrir más corrupción y desigualdad por depender excesivamente de su explotación; o también en la “enfermedad holandesa”, que se da cuando el auge de un sector exportador como el petrolero fortalece la moneda del país y le resta competitividad a otros sectores como la industria.
En las últimas semanas la demanda por estimaciones de la magnitud de la bonanza está a la orden del día. Por ejemplo, en su informe “Investigaciones económicas y análisis de mercados”, bajo el título “Salvavidas petrolero”, el Banco de Bogotá manifiesta que las altas cotizaciones del petróleo incrementarían los ingresos del gobierno al 2 % del producto interno bruto (PIB), es decir en $21 billones adicionales a lo proyectado, lo que equivale a una reforma tributaria.
Así, el Gobierno nacional recibirá importantes recursos derivados de la guerra en Oriente Próximo, a los que habría que agregar los1.300 millones de dólares en donaciones y créditos contingentes para responder a las demandas por el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido en Colombia el pasado 10 de agosto.
El capitalismo político
Aunque existen algunos ejercicios para determinar los impactos del choque externo en la inflación, la tasa de cambio, el déficit del gobierno y la tasa de crecimiento, tal vez lo importante no sea disponer de una proyección adicional —lo que no agregaría nada a la discusión—, sino más bien examinar conceptualmente las consecuencias de la “danza de los millones” en Colombia, en donde la variedad de capitalismo dominante es el modelo de crony capitalism (capitalismo de amigotes), también conocido como capitalismo político.
El doctor en Economía Randall Holcombe, profesor de la Universidad Estatal de Florida (EE. UU.), lo define así en su libro Capitalismo político: cómo se generan y mantienen el poder económico y el político:
"El capitalismo político es un sistema económico y político en el cual las élites económicas y políticas cooperan para su beneficio mutuo. La élite económica influye en las políticas económicas del gobierno para utilizar la regulación, el gasto público y el diseño del sistema tributario con el fin de mantener su posición de élite en la economía. La élite política que implementa esas políticas recibe, a su vez, el apoyo de la élite económica, lo que le ayuda a mantener su posición […]."
Es en este contexto donde la enfermedad holandesa y la maldición de los recursos naturales encuentran las mejores condiciones para su proliferación. En la medida en que los análisis convencionales no consideran esta importante variable institucional, sus consideraciones y proyecciones resultan en guías inapropiadas para entender el fenómeno.
Bonanza con efectos indeseables
En este sentido, la bonanza de precios del petróleo que hoy experimenta el país puede terminar en desindustrialización y bajo crecimiento económico.
Ello ocurre por 3 mecanismos macroeconómicos: el primero se conoce como “efecto gasto”, mediante el cual los beneficiarios —del sector privado o del público— utilizarán sus mayores márgenes y rentas para aumentar el gasto en la economía. El segundo es el exceso de demanda en los mercados de bienes que se resuelve mediante mayores importaciones y cambio en los precios relativos en contra de los sectores exportadores (efecto revaluación del tipo de cambio).
El manejo de los recursos de la bonanza petrolera podrá debilitar tanto el crecimiento del país como la industria. Foto: Raúl Arboleda/AFP.Los dos procesos anteriores deterioran el balance externo del país y desencadenan el tercer mecanismo: el “efecto de asignación de recursos” del sector transable hacia los sectores no transables, es decir el desplazamiento de trabajadores y capital desde sectores que producen bienes comercializables internacionalmente, como la industria y la agricultura, hacia actividades orientadas al mercado interno, como la construcción y algunos servicios, porque estas se vuelven más rentables.
Si la industria es un sector intensivo en economías de aprendizaje y cambio técnico, su pérdida de importancia en la economía repercutirá en una tasa de crecimiento más baja en el mediano plazo reafirmando el efecto de enfermedad holandesa.
Sin embargo, los problemas no se reducen a este aspecto puramente económico. Las expectativas de mayores “rentas fáciles” en un capitalismo político desencadena una serie de actividades conocidas como “búsqueda de rentas” impulsadas por las élites económicas y políticas.
En este caso, los acuerdos informales, los sobornos y los subsidios implícitos redefinen los contratos y los arreglos para gestionar la bonanza. Ello lleva a una ineficiente asignación de recursos y al desplazamiento de la inversión en educación, infraestructura y gasto social.
El resultado será un menor crecimiento con una mayor desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza, constituyendo el resultado paradójico del que se habló antes: la “maldición de los recursos naturales”.
Recientemente el economista iraní Mehrdad Vahabi, profesor de la Universidad Sorbona París Norte, lo identifica con lo que él denomina como “la coordinación destructiva”, un mecanismo de asignación y distribución “que logra la coordinación por medio de la intimidación, la amenaza y el uso de medios coercitivos no institucionalizados. Así, los recursos y esfuerzos humanos son asignados en orden de apropiarse de lo que los otros producen”. Cuando en el discurso público se prohíbe usar la palabra “campesino”, se están eliminado de tajo los derechos de todos los campesinos.
En agosto de 1976, en medio de la bonanza de precios del café, el presidente Alfonso López Michelsen manifestó: “la bonanza cafetera es de los cafeteros”, hoy parece repetirse el mismo eslogan: “la bonaza petrolera es de los petroleros”.
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Publicado por Massimo Di Santi
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