Fondos de Wall Street financian reconstrucción de ductos en el Golfo ante bloqueo en Ormuz
La guerra en Irán daña infraestructura petrolera del Golfo Pérsico, forzando a las estatales a arrendar oleoductos y gasoductos a Blackstone, KKR y BlackRock, que financian su reconstrucción y rutas alternativas ante Ormuz bloqueado
La guerra contra Irán ha golpeado con dureza la infraestructura petrolera del Golfo Pérsico: ataques sobre complejos como Ras Laffan o Ras Tanura y el bloqueo de Ormuz están costando a la región 1.000 millones de dólares diarios en exportaciones perdidas. Ante esta sangría de ingresos, las petroleras estatales han acelerado la monetización de sus activos midstream, arrendando el uso de sus redes de oleoductos y gasoductos a consorcios internacionales bajo fórmulas de leaseback a largo plazo.
En esa carrera por hacerse con la infraestructura de transporte regional se han situado a la cabeza gigantes de la inversión estadounidenses como Blackstone, KKR y BlackRock, que financian tanto la reconstrucción física de las instalaciones dañadas como la apertura de nuevas rutas de exportación. Sin embargo, expertos advierten de que estas vías alternativas siguen siendo insuficientes para absorber todo el tráfico que antes del conflicto pasaba por el estrecho de Ormuz.
El crudo y el GNL persa están obligados a buscar otras rutas
La guerra contra Irán ha roto la estabilidad en la región. El Golfo Pérsico, origen de una quinta parte de la producción global de crudo y GNL, ha sufrido un golpe no visto en la historia reciente de la industria. El bloqueo total de Ormuz ha supuesto la pérdida de 1.000 millones de dólares diarios en exportaciones que no han podido ser puestas a disposición de los países receptores.
Esta situación hace que la reestructuración y la apertura de nuevas vías de exportación sea una cuestión imperiosa. Por ello, las petroleras estatales están comenzando a abrirse en términos financieros a través de redes estratégicas en las que el capital privado asume un protagonismo poco usual cuando hablamos de la industria petrolera en esta parte del mundo. Fondos norteamericanos están empezando a detectar buenas oportunidades de inversión con una rentabilidad esperada estable.
La estrategia para monetizar la presencia en el Golfo sin mucho riesgo
La estrategia de los fondos occidentales pasa por tener el control de la red de transporte para cobrar un peaje más allá de explorar y extraer el recurso propiamente dicho. ADNOC (EAU) adoptó este enfoque en marzo de 2019 al arrendar el 40% de sus oleoductos a KKR y BlackRock por 4.000 millones de dólares. En junio de 2020 consolidó este modelo arrendando su red de gasoductos por 20.700 millones de dólares a Brookfield y GIP.
En cuanto a la compañía propiamente dicha, esta transfiere los derechos de uso a una filial de la que retiene el 51% y el control operativo total, mientras el consorcio internacional adquiere el 49% bajo un leaseback a 20-25 años (fórmula por la que el activo se cede al inversor y su propietario original lo sigue explotando a cambio de una renta periódica). De esta forma, la estatal abona una tarifa por volumen transportado y obtiene con ello liquidez por adelantado sin ceder la propiedad de los recursos. Con esta misma fórmula, Aramco (Arabia Saudí) captó en 2021 más de 27.900 millones de dólares de consorcios liderados por EIG Partners y BlackRock.
Proyecto Peregrine y cómo aprovechar oportunidades en tiempos de guerra
La solidez de esta estrategia queda constatada cuando el pasado 25 de julio se firmó en Kuwait la creación del proyecto Peregrine. Bajo esta transacción de 16.000 millones de dólares, la estatal Kuwait Oil Company (KOC), filial de exploración, producción y transporte del grupo público kuwaití, constituyó una empresa conjunta de la que mantiene el 51% (y por lo tanto la soberanía operativa), traspasando el 49% restante a partes iguales a los fondos estadounidenses Blackstone y KKR y a la canadiense Brookfield. El perímetro abarca la totalidad de la red de crudo de KOC (13 oleoductos y unos 320 km) que conecta los campos operados por la compañía con las terminales de exportación del Golfo. Pese a los ataques aéreos contra sus instalaciones, el consorcio garantizó, bajo un arrendamiento de 20 años y medio, 7.850 millones de dólares por adelantado para financiar el plan de su matriz estatal, Kuwait Petroleum Corporation (KPC), que pasa por reconstruir las redes y elevar la producción a 4 millones de b/d para 2035.
Dado el éxito de este modelo de actuación, la estrategia ha sido de aplicación a otros proyectos en la región. Saudi Aramco completó en octubre de 2025 un acuerdo de leaseback de 11.000 millones de dólares para las plantas de gas de Jafurah con un grupo liderado por Global Infrastructure Partners (hoy integrada en BlackRock), aportando capital para elevar la producción de gas en un 60% para 2030. Asimismo, Bapco Energies ejecutó en septiembre de 2024 su primera monetización en Baréin al ceder una participación minoritaria de la Saudi Bahrain Pipeline Company a BlackRock, en una operación respaldada por el oleoducto de 112 km que bombea crudo desde Arabia Saudí. Por su parte, Omán privatizó en octubre de 2023 el 49% de su red OQ Gas Networks mediante una oferta pública de 748 millones de dólares, atrayendo como inversores estratégicos al PIF (Arabia Saudí) y a la QIA (Qatar).
El dinero nunca duerme, y menos ahora
La carrera por la red de transporte regional la lideran tres grandes gestoras de fondos norteamericanas que ven en la infraestructura energética una oportunidad de oro para sacar petróleo (nunca mejor dicho). Blackstone, con activos gestionados de 1,35 billones de dólares, ha escalado su plataforma de infraestructura a 90.000 millones en el segundo trimestre de 2026, convirtiendo su incursión en Kuwait en su mayor operación en la región hasta la fecha, e impulsando la apertura de una oficina local para acelerar transacciones. Su socio, KKR, gestiona una cartera de infraestructura de 114.000 millones de dólares y ha invertido cerca de 5.000 millones en el Golfo en los últimos 18 meses, incluyendo su alianza con la saudí ACWA Power.
Finalmente, BlackRock, tras adquirir Global Infrastructure Partners, domina los activos de gasoductos clave del Golfo, controlando el 49% de la Jafurah Midstream Gas Company y con participaciones en las redes gasistas de Aramco y ADNOC.
Altas rentabilidades suponen grandes riesgos
Lo difícil para estas compañías es comprometer capital a más de veinte años en una zona de guerra continua y alta volatilidad geopolítica. Los ataques con misiles en el complejo gasista qatarí de Ras Laffan (con unos 20.000 millones de dólares anuales en ingresos de exportación perdidos y cinco años de reparación) demuestran que el midstream no es inmune a la destrucción física, tal como también hemos podido ver con los ataques continuos en Ras Tanura.
El cierre de Ormuz acelera la búsqueda urgente de rutas alternativas por tierra. Aunque el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí y la línea de Fujairah en los EAU disponen de capacidad para mover crudo fuera del estrecho, son insuficientes para absorber el tráfico total que pasaba por Ormuz antes del conflicto. Esta vulnerabilidad empuja a multinacionales como ExxonMobil, Chevron y Shell a desviar inversiones hacia Brasil, África Occidental o el este del Mediterráneo.
Una lección aprendida para el futuro
El Golfo Pérsico ya no puede permitirse el gasto desmesurado del pasado. Los daños de guerra y la parálisis de sectores clave obligan a las potencias petroleras regionales a reevaluar su crecimiento no petrolero, forzando a sus fondos soberanos a ralentizar los compromisos comerciales en el extranjero.
Sin embargo, esta contracción estatal no implica el declive total de la región. Mediante la entrega de participaciones de su red de transporte a fondos norteamericanos, los productores logran un triple objetivo. Primero, blindar su estabilidad fiscal sin emitir deuda; segundo, obtener los fondos necesarios para reparar la infraestructura dañada durante el conflicto; y finalmente, financiar las rutas terrestres alternativas de exportación que esquiven en un futuro el paso por Ormuz. En esta nueva realidad, el recurso bajo tierra sigue siendo soberano, pero la clave para gestionar y flexibilizar las redes de transporte hacia el exterior la tiene ahora Wall Street. Al final, no le está saliendo mal la jugada al Sr. Trump.
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Publicado por Massimo Di Santi
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