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Potencial geotérmico colombiano: avances técnicos y realidades del mercado

Por PhD Mario Fernando Zamora Santacruz

El potencial de la geotermia en Colombia representa uno de los capítulos más ambiciosos y técnicamente exigentes de la actual hoja de ruta hacia la descarbonización. A diferencia de otras fuentes renovables que dependen de la variabilidad climática, como la solar o la eólica, la energía geotérmica se fundamenta en la estabilidad del calor remanente del núcleo terrestre. Esta característica le otorga una naturaleza de "energía de base", capaz de proporcionar un suministro constante y predecible, fundamental para la seguridad del Sistema Interconectado Nacional.

En el contexto del gobierno actual, la transición energética se ha posicionado como un pilar estratégico para el desarrollo económico y la protección ambiental. Bajo esta visión, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) ha intensificado sus esfuerzos para estructurar un marco normativo que permita el despegue de esta tecnología.

La geotermia no es solo una alternativa teórica; es una realidad técnica que utiliza generadores de vapor para convertir el calor del subsuelo en electricidad, permitiendo desde el funcionamiento de electrodomésticos básicos hasta el abastecimiento industrial.

A pesar de las ventajas evidentes, la industria geotérmica en Colombia se encuentra todavía en una etapa de gestación. El país cuenta con una ventaja comparativa envidiable debido a su ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico y su compleja geografía andina, rica en actividad volcánica y sistemas hidrotermales. No obstante, la transformación de este potencial en megavatios reales requiere superar una serie de barreras de entrada que van desde la incertidumbre geológica hasta la complejidad de la inversión de capital inicial.

Actualmente, el mapa de ruta de la geotermia en el país se concentra en puntos geográficos específicos que sirven como proyectos piloto y de expansión. Entre ellos destaca el proyecto Cóndor, ubicado en Paipa, Boyacá, el cual cuenta con reservorios ya identificados y se encuentra en etapas avanzadas de trámites para iniciar producción formal. Este proyecto es emblemático por ser uno de los primeros en demostrar que el relieve colombiano puede ser un aliado en la generación de energías limpias y constantes.

Simultáneamente, la estatal petrolera Ecopetrol ha asumido un rol protagónico en el desarrollo de esta fuente. En el departamento de Nariño, el proyecto Azufral se perfila como una de las apuestas más robustas, con un potencial estimado de hasta 80 megavatios. La relevancia de Azufral no solo reside en su capacidad de generación, sino en la metodología de implementación, la cual debe equilibrar la alta complejidad técnica de la zona volcánica con las realidades sociales de los territorios circundantes.

Otro frente estratégico se localiza en los Llanos Orientales y el Meta, específicamente en las áreas de Apiay y Jacana. Aquí, la estrategia cambia ligeramente para enfocarse en la sinergia con la industria de los hidrocarburos.

La comisionada experta de la CREG, Ángela Álvarez, ha subrayado que los pozos petroleros existentes a menudo producen grandes volúmenes de agua a altas temperaturas. El aprovechamiento de este calor residual para generar energía representa un modelo de economía circular y eficiencia operativa sin precedentes en el sector energético nacional.

Este enfoque de "coproducción" permite que empresas como Ecopetrol o GeoPark utilicen su infraestructura y conocimiento del subsuelo para diversificar su matriz de producción. Al integrar la geotermia en las operaciones de hidrocarburos, se reduce el riesgo exploratorio y se optimizan los activos ya instalados. Es una transición pragmática donde el conocimiento técnico de la industria tradicional se convierte en el motor que impulsa la adopción de tecnologías más limpias y sostenibles.

Sin embargo, el camino hacia la consolidación de la geotermia enfrenta el desafío ineludible de la licencia social. La CREG ha sido enfática en que ningún proyecto puede avanzar sin una participación activa y temprana de las comunidades locales. Los procesos de diálogo no deben ser vistos como un trámite administrativo, sino como una fase esencial del diseño técnico del proyecto. La aceptación social es el cimiento sobre el cual se construye la viabilidad a largo plazo de cualquier infraestructura energética en Colombia.

Desde la perspectiva técnica y económica, expertos como Julio César Vera de XUA Energy advierten sobre la complejidad de la escala. Si bien Colombia tiene un potencial identificado de 1.180 megavatios distribuidos en 21 áreas de interés, la inversión necesaria para la evaluación y exploración profunda es considerablemente alta. Los riesgos asociados a la perforación en zonas de geología exigente implican que los desarrolladores deben contar con incentivos claros y una seguridad jurídica que proteja sus inversiones de largo aliento.

Además de los costos, existen desafíos logísticos y de seguridad física. Muchas de las zonas con mayor potencial geotérmico se encuentran en regiones de difícil acceso o con condiciones de orden público complejas. Esto añade capas de dificultad a la logística de transporte de maquinaria pesada y al mantenimiento de las plantas de generación. La coordinación entre el Estado, las fuerzas de seguridad y las empresas privadas es vital para garantizar que estos proyectos puedan operar de manera ininterrumpida.

En conclusión, la geotermia representa una de las fronteras más prometedoras para el sector energético colombiano. Su capacidad para ofrecer energía firme, su potencial de integración con la industria extractiva y su alineación con los objetivos de cambio climático la convierten en una prioridad nacional. No obstante, su éxito definitivo dependerá de la capacidad del país para armonizar el rigor técnico con la sensibilidad social y la competitividad económica.

El avance regulatorio liderado por la CREG es un paso positivo hacia la creación de un entorno propicio para la inversión. Si Colombia logra consolidar los proyectos en Boyacá, Nariño y el Casanare, estará enviando una señal potente al mercado internacional sobre su madurez en la gestión de energías renovables no convencionales. El calor de la tierra está allí, esperando ser transformado en progreso, siempre que se actúe con la seriedad y el profesionalismo que una transición de esta magnitud exige.

La verdadera resiliencia del sistema no reside en la apuesta por una única tecnología, sino en la coexistencia estratégica de diversas fuentes que garanticen la seguridad energética en todo momento. En este ecosistema, los hidrocarburos no deben visualizarse como un competidor, sino como el complemento indispensable que aporta respaldo cuando las fuentes renovables intermitentes enfrentan limitaciones técnicas o climáticas.

Esta hibridación técnica permite que la infraestructura petrolera y de gas actúe como una red de seguridad operativa, combinando el flujo constante de la geotermia con la capacidad de respuesta inmediata de los combustibles tradicionales. Bajo este modelo de integración, Colombia puede avanzar hacia una matriz más limpia sin sacrificar la estabilidad del suministro, entendiendo que el éxito de la transición depende de una arquitectura mixta donde el gas y el petróleo potencian la viabilidad de las nuevas energías renovables.

 

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Publicado por Massimo Di Santi

Massimo Di Santi. Periodista, Comunicador Social y Presentador de diferentes medios internacionales. Ganador de múltiples premios, ha cubierto importantes eventos a nivel mundial y es un destacado periodista de guerra. Creación IA

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