El Estrecho de Ormuz: un estrangulamiento energético que amenaza el orden global
Por PhD Mario Fernando Zamora Santacruz
El colapso histórico de la producción de la OPEP ante el conflicto en Irán y el bloqueo de rutas vitales sitúa al petróleo en un pico de 146 dólares, anticipando una crisis de suministros que pone en jaque la estabilidad económica mundial para el resto de 2026.
La reciente caída de casi 8 millones de barriles diarios en la producción de la OPEP marca un hito oscuro en la historia energética moderna. No se trata de una estrategia comercial planificada, sino de las consecuencias directas de la guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha convertido el Golfo Pérsico en una zona de exclusión operativa.
Irak se lleva la peor parte de este escenario bélico, con extracciones que se han hundido hasta los 1,62 mbd. Esta pérdida masiva de 2,5 mbd respecto a febrero no solo asfixia su economía interna, sino que retira del mercado global un crudo esencial para las refinerías de Europa y Asia, dejando un vacío imposible de llenar a corto plazo.
El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha actuado como un torniquete letal para el comercio internacional. Países como Kuwait han visto su producción reducida a menos de la mitad, mientras que el gigante saudí ha tenido que retirar del mercado 2,3 mbd ante la imposibilidad física y el riesgo extremo de dar salida a sus exportaciones por vía marítima.
A diferencia de la crisis de 2020, causada por una falta de demanda durante la pandemia, el shock actual es de oferta pura y destructiva. La infraestructura petrolera está siendo blanco directo de ataques y sabotajes, lo que ha elevado los costos de los seguros de transporte marítimo a niveles prohibitivos, paralizando el tránsito por la ruta "al este de Suez".
En este caos, Venezuela y Nigeria han intentado actuar como válvulas de escape elevando su bombeo de forma marginal. Sin embargo, el aumento de Venezuela hasta los 9,88 mbd y el de Nigeria a 7,8 mbd son esfuerzos insuficientes para compensar un déficit global que ya ha disparado el precio de la canasta de crudo de la OPEP.
La situación se agrava exponencialmente por el impacto en los productos derivados del petróleo. El informe técnico confirma que el procesamiento en las refinerías mundiales ha sufrido su mayor caída mensual desde abril de 2020, lo que anticipa una escasez severa de productos finales como el diésel y el combustible para calefacción.
Este estrangulamiento operativo garantiza que, incluso si el conflicto cesara hoy, la falta de gasolina y queroseno para aviación será crítica durante la próxima temporada estival. El aumento estacional de la demanda para transporte terrestre y aéreo en el hemisferio norte chocará contra un muro de inventarios vacíos y precios desorbitados.
Expertos independientes señalan que el bloqueo de Ormuz por parte de las fuerzas navales de Estados Unidos busca impedir totalmente la salida de buques iraníes. Sin embargo, esta táctica de presión máxima ha terminado por secuestrar la estabilidad de los precios globales, afectando incluso a aliados estratégicos que dependen del crudo del Golfo.
Resulta inquietante que, pese a este panorama de volatilidad extrema, la OPEP mantenga previsiones de crecimiento económico mundial del 3,1%. La historia económica demuestra que precios sostenidos por encima de los 140 dólares suelen ser el preludio inevitable de una recesión global y una crisis de deuda en países importadores.
La vulnerabilidad de la cadena de suministro se hace evidente al observar a los aliados del grupo OPEP+. Bahrein ha visto su producción reducida a la mitad, y solo Kazajistán ha logrado mostrar una resiliencia notable. La pérdida total de 7,75 mbd para el conjunto del grupo es la segunda mayor reducción de la historia, solo superada por los recortes voluntarios de la pandemia.
El fracaso de los intentos de acuerdo de paz y el frágil alto el fuego actual no ofrecen garantías de una normalización inmediata. Los mercados financieros ya están integrando una "prima de guerra" permanente en los precios, lo que encarece toda la cadena logística global, desde los alimentos hasta los bienes de consumo manufacturados.
El mundo observa con ansiedad cómo el 2026 se convierte en el año en que la geopolítica rompió definitivamente el mercado energético. Si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado o bajo amenaza constante, la economía internacional se enfrentará a un verano de desabastecimiento y a una inflación que erosionará el poder adquisitivo de millones de ciudadanos a nivel global.
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Publicado por Massimo Di Santi
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