España e impulsan el gas y las pilas de combustible para sostener la explosión energética de los centros de datos
A diferencia de previos artículos esta vez abro con una infografía donde podéis observar las ubicaciones de los centros de datos en Estados Unidos superpuesto con la infraestructura energéticas del país norteamericano. Las infraestructuras energéticas que se recogen son las líneas de transmisión eléctrica, red de distribución de gas natural, plantas de energía, así como red de fibra y las áreas metropolitanas más importantes del país.

Traigo esto a colación, ya que, recientemente el Gobierno de España, a través de los ministerios de Transición Ecológica, Economía y Transformación Digital, han sometido a información pública un proyecto de Real Decreto que regula los requisitos de sostenibilidad energética, medioambiental y de soberanía digital para los centros de datos en España. Donde entre otras cosas, han causado cierto revuelo uso de energía renovable (cobertura mínima del 80% del consumo mediante autoconsumo o PPA, con un 80% de respaldo horario, que no anual).
Análogamente, ha empleado el criterio de adicionalidad que ha venido aplicando en el incipiente mercado electro-intensivo del hidrógeno, que establece que los centros de datos deben conectarse a parques renovables de una antigüedad inferior a 18 meses. Este hecho tiene la vista puesta en no desviar generación renovable actual y perjudicar a la sociedad con subidas generalizas de precios. Todo parece indicar que el plan del Gobierno busca aumentar la generación de energía renovable y evitar que el desarrollo de los centros de datos sea un juego de suma cero.
Trabajando la eficiencia energética
A nivel global, debido al desarrollo de mundo digital, los centros de datos han conseguido desacoplar el consumo eléctrico del volumen de datos gestionado gracias a la eficiencia energética: entre 2010 y 2020 el rendimiento se multiplicó por 8, mientras que el consumo energético por carga de trabajo se redujo 12 veces. Para medir esta eficiencia se usan principalmente dos indicadores:
- PUE (Power Usage Effectiveness): mide la eficiencia energética global (alimentación, refrigeración, servidores, redes, iluminación). Se calcula dividiendo la energía total del centro entre la usada para computación; cuanto más cercano a 1, más eficiente. En España, las instalaciones con capacidad ≥500 kW deben reportar este dato.
- WUE (Water Usage Effectiveness): mide el uso de agua respecto a la electricidad consumida (litros/kWh), relevante cuando la refrigeración usa agua. Depende mucho de la ubicación: climas fríos y húmedos requieren menos refrigeración que los áridos.
Hasta la implantación del etiquetado europeo, el borrador del Gobierno español fija límites provisionales de PUE (≤1,15) y WUE (≤0,1). Como ambas métricas están relacionadas, el sistema de refrigeración influye en las dos. Aunque Estados Unidos y España persiguen un mismo objetivo, siguen estrategias distintas: el primero estudia acelerar el suministro eléctrico de los centros de datos mediante gas natural, mientras que España apuesta por avanzar de forma más gradual y ampliar la capacidad renovable.
El gas gana protagonismo
En un contexto de tensión geopolítica y creciente competencia, el gas natural gana protagonismo por su versatilidad: permite generar electricidad en ciclos combinados y calor para la industria. Un ciclo combinado provisto de una turbina de gas para la generación de electricidad aporta una capacidad de suministrar de manera rápida y fiable electricidad, hecho que complementa con una base muy fuerte de energías de origen renovable intermitentes.
Este escenario permite eliminar las contaminantes centrales de carbón, a la vez que estabilizar la red. Esto puede observarse al analizar los datos de la Red Eléctrica de España tras el apagón sufrido el 28 de abril de 2025. Ya que, el operador ha pasado a operar el sistema eléctrico peninsular en modo reforzado con la ayuda de los ciclos combinados.
Las turbinas de gas concentran otra fuente de presión como son la abrupta expansión de los centros de datos.
Grandes compañías como OpenAI, Anthropic, Google y Meta compiten por acceder directamente a suministros energéticos a escala de gigavatios (GW), y compiten por un número limitado de turbinas de gas que se fabrican al año.
El mercado de las turbinas de gas de gran tamaño está dominado por GE Vernova, Siemens Energy y Mitsubishi Power. Los resultados de GE Vernova reflejan la magnitud de la demanda es descomunal. La compañía cerró el segundo trimestre de 2026 con una cartera de 116 GW, frente a una capacidad anual prevista de 20 GW, y espera alcanzar los 125 GW al final del año. La saturación del mercado ha alargado notablemente los plazos de entrega. GE ya acepta reservas para 2031 y prevé haber contratado, al cierre de 2026, más de la mitad de su producción para ese año. Siemens, por su parte, advierte de que sus cupos para 2030 se están completando.

En este contexto, conviene explorar otras alternativas para suministrar electricidad a los centros de datos, de ahí que el artículo comience mostrando su ubicación sobre la red de gas natural estadounidense. Aunque el almacenamiento energético suele asociarse a las baterías, las pilas de combustible de óxido sólido (SOFC) funcionan de forma distinta: no almacenan energía, sino que generan electricidad de manera continua mientras reciben combustible (p.e. gas natural o hidrógeno) y aire.

El hidrógeno, una alternativa real
Una pila de combustible, fuel cell en inglés, en lugar de quemar el combustible, la convierte directamente su energía química en electricidad mediante una reacción electroquímica. Uno de los mayores desafíos para el suministro eléctrico de los centros de datos es la extrema variabilidad en la demanda de energía de las cargas de trabajo de IA. Según las pruebas de Bloom Energy, la carga de un solo servidor puede fluctuar entre 15 kW y 30 kW en cuestión de segundos, alcanzando variaciones de entre 50 y 100 MW a nivel de centro de datos.
En términos de capacidad, esto podría significar pasar del 20 % al 150 % de la potencia suministrada, y la infraestructura de red tradicional no puede soportar semejante variación. Los centros de datos necesitan soluciones de alimentación que puedan soportar los picos de demanda. Muchos han abordado este problema añadiendo baterías, pero estas tienen un número limitado de ciclos de carga y descarga. En cambio, las pilas de combustible pueden proporcionar respuestas instantáneas a los cambios de carga, alcanzando más de 200.000 ciclos de carga y manteniendo una disponibilidad del 99,9 %.
Las ventajas van más allá: Oracle ha sustituido las turbinas de gas provisionales de sus instalaciones de Nuevo México, que en realidad eran motores de avión reconvertidos con permisos controvertidos, por pilas de combustible de Bloom Energy. Con una potencia de hasta 2,45 GW, esta opción reduce las emisiones y el ruido y, al generar agua como subproducto, logra un balance hídrico neto casi nulo que mejora el WUE. Aunque todavía es más cara, las posibles disrupciones del gas natural, así como la escasez de turbinas está estrechando la diferencia de costes. Seguidamente, podéis observar los acuerdos con centro de datos por el fabricante Bloom Energy.

Estos acuerdos no son casos aislados, sino síntoma de un cambio de paradigma. Cuando la cadena de suministro tradicional (turbinas de gas y/o ampliaciones de red) no puede seguir el ritmo de la demanda, las pilas de combustible emergen como una vía de escape realista y desplegable en cuestión de meses, no de años. En un sector donde cada gigavatio cuenta y cada mes de retraso se traduce en pérdida de competitividad frente a rivales que sí logran encender sus servidores, la capacidad de generar electricidad de forma distribuida, modular y prácticamente inmediata se convierte en una ventaja estratégica tan relevante como el propio acceso al capital.
En definitiva, el futuro energético de los centros de datos no se resolverá con una única tecnología, sino con una combinación de soluciones que convivan según el contexto regulatorio, geográfico y de urgencia de cada proyecto. Mientras España avanza hacia un modelo más gradual, anclado en renovables adicionales y límites estrictos de eficiencia, Estados Unidos parece dispuesto a aceptar soluciones puente como el gas natural para no perder la carrera de la IA. En medio de ambos extremos, las pilas de combustible representan quizás la opción más equilibrada: ni tan lenta como esperar nueva capacidad renovable, ni tan comprometida medioambientalmente como depender exclusivamente de combustibles fósiles. Su consolidación dependerá, en última instancia, de si los costes siguen estrechándose al ritmo que lo ha hecho la urgencia del sector.
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Publicado por Massimo Di Santi
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