Israel bombardea South Pars y pone en riesgo el 19% de las reservas de gas del mundo
El yacimiento contiene unos 51 billones de metros cúbicos de gas recuperable que se reparten entre los 3.700 kilómetros cuadrados del South Pars iraní y los otros 6.000 que ocupa el North Field de Qatar
Israel ha atacado dos veces en menos de un mes el lado iraní del mayor yacimiento de gas natural del mundo, dividido geográficamente entre Irán y Qatar, países que comparten las presiones económicas de la guerra pero también las geológicas de un yacimiento que no respeta las fronteras humanas.
El Ejército israelí anunció el lunes un ataque contra el yacimiento de South Pars, como se conoce la parte iraní de esta enorme reserva energética, así como contra la mayor planta petroquímica de Irán, unas acciones que el Estado judío justifica como un duro golpe para la economía de ese país, ya que esas instalaciones abastecen gran parte de su consumo interno.
Israel ya atacó South Pars el 18 de marzo y dañó los tanques de almacenamiento, oleoductos y refinerías, mientras que también interrumpió la producción en varias instalaciones de un campo que, a principios de febrero, producía alrededor de 730 millones de metros cúbicos de gas al día.
Pero estos bombardeos no han supuesto un duro golpe sólo para Irán. Al estar geológicamente vinculado al North Field, como se conoce el lado de Qatar, uno de los mayores exportadores de gas natural licuado (GNL) del mundo, las consecuencias de lo que ocurre en un extremo del mismo pueden afectar al conjunto entero.
Por eso Qatar tachó el ataque israelí de "peligroso e irresponsable".
Un yacimiento indivisible
Dividido tan solo por el dibujo de una frontera marítima, el yacimiento contiene unos 51 billones de metros cúbicos de gas recuperable que se reparten entre los 3.700 kilómetros cuadrados del South Pars iraní y los otros 6.000 que ocupa el North Field de Qatar, país que exporta unas 77 millones de toneladas de GNL anuales, o una quinta parte del suministro mundial.
Esta reserva está ubicada a unos 3 kilómetros bajo el lecho marino del golfo Pérsico, contiene alrededor del 19 % de las reservas de gas convencionales del mundo y cuenta con una presión de formación 300 veces superior a la atmosférica, clave para garantizar que el gas se mantenga en su sitio y para que fluya hacia los pozos.
Por esto, el Ministerio de Exteriores de Qatar no tardó en condenar los ataques y recordó que "el yacimiento de gas South Pars de Irán es una extensión del yacimiento North Field de Qatar".
O como advierte el centro de investigación Middle East Council on Global Affairs en un informe publicado tras el primer ataque israelí, "los dos lados del yacimiento no son simplemente adyacentes; son geológicamente continuos. La presión del yacimiento, la dinámica de extracción y las consecuencias ambientales son compartidas".
Presiones compartidas
Durante años, Qatar se ha beneficiado de las diferencias económicas con Irán -que está lastrado por décadas de sanciones, explotación ineficiente o falta de recursos- para convertir su parte del yacimiento en el más productivo del mundo.
Qatar ha podido extraer mucho más gas del yacimiento dadas sus condiciones económicas, y se ha creado una diferencia de presión en la formación geológica que provoca que el gas de la parte iraní fluya hacia la catarí.
En respuesta a los ataques israelíes, Irán también atacó el complejo de GNL Ras Laffan, en Qatar -responsable de procesar el gas extraido de North Field- y obligó a la estatal Qatar Energy a suspender la producción, con repercusiones para la economía mundial ya que los precios del gas en los mercados europeos y asiáticos se dispararon en un 50 %, aproximadamente.
En cualquier caso, la situación es crítica tanto para Irán como para Qatar en un momento de extrema volatilidad y amenazas, ya que los daños a los pozos o a la infraestructura subterránea podrían provocar fugas incontroladas de metano, mientras que una interrupción de las operaciones en ambos campos podría llevar al deterioro del mismo.
Mientras tanto, Doha y Teherán se encuentran en una encrucijada de presiones políticas y militares de la que resulta complicado escapar ante las crecientes amenazas a Irán del presidente estadounidense, Donald Trump, y la continuidad de los bombardeos israelíes.
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Publicado por Massimo Di Santi
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