Colombia se queda sin petróleo: caída en pozos, inversión y regalías enciende alarmas
Por: PhD Mario Fernando Zamora Santacruz
El sector petrolero colombiano, columna vertebral de la economía nacional, atraviesa un momento de seria preocupación. La reciente publicación del informe de Campetrol respaldado por datos de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el Banco de la República y el DANE revela una caída pronunciada en la perforación de pozos, la inversión extranjera directa y el valor de las regalías, pilares fundamentales para la sostenibilidad económica y energética del país.
El año 2024 representó una de las caídas más abruptas de la actividad exploratoria y de desarrollo de hidrocarburos en la última década. En tan solo dos años, Colombia pasó de perforar 87 pozos exploratorios (en 2022) a tan solo 34 en 2024: una reducción del 61%. En cuanto a pozos de desarrollo, la cifra bajó de 662 a 477 en ese mismo periodo. Esta desaceleración no solo representa una contracción del sector: es una señal de alarma sobre el futuro energético y fiscal del país.
La perforación de pozos no es una cifra aislada. Detrás de cada pozo están los empleos, la producción futura, el ingreso en divisas, el fortalecimiento de las reservas y, por supuesto, las regalías que financian obras públicas en cientos de municipios. Campetrol lo advierte con claridad: si no se perfora hoy, no se produce mañana. Y si no se produce mañana, tampoco habrá regalías ni sostenibilidad energética.
En 2024, las regalías causadas por la explotación de hidrocarburos sumaron $8,1 billones. Aunque esta cifra sigue siendo relevante, representa una caída del 10,1% frente al 2023. Peor aún, si se compara con los niveles de actividad y producción de hace una década, la tendencia descendente es cada vez más difícil de ignorar. El petróleo representó el 85,9% de ese total, lo que confirma su papel predominante en la economía extractiva del país.
La inversión extranjera directa (IED) en el sector petrolero también ha sufrido una contracción preocupante. El Banco de la República informó que durante todo el 2024, la IED petrolera alcanzó USD 2.240 millones, una reducción del 26,8% respecto al 2023. Este retroceso refleja la creciente incertidumbre regulatoria, la falta de nuevos contratos de exploración y un ambiente poco favorable para los inversionistas.
Mientras países como Brasil, Guyana y Ecuador avanzan con licitaciones, subastas y acuerdos para dinamizar su industria energética, Colombia sigue sin definir una hoja de ruta clara. La parálisis institucional, el discurso ambiguo del gobierno y la falta de señales claras a los inversionistas están alejando el capital necesario para reactivar el sector.
En febrero de 2025, se registraron 107 taladros activos en Colombia, una cifra apenas superior a la de enero (6 equipos más), pero inferior a la registrada en febrero de 2024. En cuanto a la actividad de perforación, se reportaron 27 taladros en operación, un aumento mensual, pero una reducción del 15,6% respecto al mismo mes del año anterior. La situación es aún más crítica si se observa que, en diciembre de 2024, solo había 24 taladros de perforación activos, una caída del 36,8% en comparación con diciembre de 2023.
La consecuencia inmediata ha sido la pérdida de cerca de 20.000 empleos en las regiones productoras, un golpe directo a las economías locales. La producción promedio de petróleo y gas también se redujo en 2024: un 0,6% (4,5 KBPD menos) en petróleo y un 9,5% (100,1 MPCD menos) en gas, frente al año anterior.
El DANE reportó que en 2024 las exportaciones de petróleo y sus derivados totalizaron USD 15.024 millones, un 5,1% menos que en 2023. Aunque el sector sigue representando cerca del 30% del total de exportaciones nacionales, su participación se ha mantenido estancada e incluso comienza a mostrar signos de debilitamiento estructural.
El informe de Campetrol proyecta que el número de taladros activos aumentará ligeramente en los próximos meses, pero esta mejora no compensa la desaceleración acumulada. La producción, a mediano plazo, se verá afectada por la escasa actividad exploratoria. Y con ella, también la autosuficiencia energética del país.
Colombia necesita reglas claras, seguridad jurídica, incentivos para la exploración y, sobre todo, una política energética coherente que entienda que el petróleo y el gas siguen siendo y seguirán siendo clave para la transición energética y el desarrollo económico del país. No se trata de renunciar a la transición, sino de construirla sobre bases reales, sin poner en riesgo los ingresos fiscales, el empleo y la autosuficiencia energética.
Las cifras no mienten. Si Colombia continúa en esta ruta de desaceleración, no solo perderá ingresos: perderá liderazgo regional, empleos y oportunidades. La exploración y producción de hidrocarburos son compatibles con el cuidado ambiental y con una transición energética seria. Negarlo, es condenar al país a la dependencia de las importaciones y a un futuro incierto.
Nelson Castañeda, presidente ejecutivo de Campetrol, lo dijo claramente: “La perforación de pozos impulsa la producción futura de hidrocarburos, adiciona nuevas reservas y dinamiza las economías locales, generando empleo directo e indirecto. Es fundamental continuar promoviendo condiciones que incentiven la exploración”.
La reducción en la perforación de pozos, la caída en la inversión extranjera y la disminución de las regalías están configurando un panorama preocupante para la industria petrolera en Colombia. Si no se toman medidas oportunas, el país enfrentará no solo un declive en su producción de hidrocarburos, sino también en su estabilidad fiscal y su competitividad energética a nivel regional.
El desarrollo del sector petrolero no es un asunto exclusivo de las compañías del gremio, sino una cuestión de interés nacional que impacta directamente el empleo, la inversión y el bienestar de las comunidades. Es imperativo que el Gobierno, las empresas y los diferentes actores del sector trabajen conjuntamente para generar condiciones que impulsen la exploración y garanticen la sostenibilidad energética del país.
Colombia no puede permitirse depender de la incertidumbre. Las decisiones que se tomen hoy determinarán el futuro energético y económico de las próximas generaciones. Es momento de actuar con responsabilidad, claridad y visión de largo plazo.
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Publicado por Massimo Di Santi
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